La pérdida del sentido común con el alcohol y las drogas

Vamos a ver dos ejemplos para entender a qué me refiero con la pérdida del sentido común.

En el aeropuerto.  

Digamos que la familia está en el aeropuerto esperando su hora de salida. Mientras tanto, todos deciden ir a tomar un café a uno de los restaurantes para matar el tiempo. Se sientan, piden un café, un refresco y uno que otro postre.  Como de costumbre, se ponen a observar a las personas que están alrededor y notan que en una esquina hay tres pilotos platicando y no pueden evitar darse cuenta de que están tomando alcohol. En el transcurso de una hora y media, los pilotos se toman tres whiskies cada uno. No cuatro, no cinco, solamente tres whiskies cada uno.  La familia no les hace mucho caso y cuando llega la hora del vuelo y van caminando por el túnel para abordar el avión, oyen las pisadas de alguien que viene a paso veloz, voltean y reconocen que el piloto de su avión es uno de los tres que estaban tomándose los tres whiskies.  Dentro de su sorpresa ¿qué hacen ustedes? ¿Cómo reaccionarían? ¿Se subirían al avión?  ¿Acaso van a decir: “¡Ah, qué padre, mi piloto va a ir bien relajado!”?   Una vez que pase la sorpresa, se les van a prender las alarmas, se van a sentir preocupados y algo van a hacer, porque dentro de ustedes saben que no está bien.   Por su sentido común, saben perfectamente que, al no estar en sus cinco sentidos, el piloto no va a tomar buenas decisiones, no va a tener reacciones rápidas, no va a pensar adecuadamente. Saben que no está al 100 % y que se necesita un piloto que esté al 100 %.  Sin embargo, algunas personas me podrán decir: “Bueno, tres copas no es tanto, puede poner el piloto automático o también está el copiloto o, de plano, no creo que me anime a decir algo”. Así que a esas personas que dudan, les pongo otro ejemplo.

En el hospital.  

Vamos a decir que están en el hospital porque a uno de ustedes le dio una apendicitis. Mientras esperan al médico, llega el tío, el borrachito simpático de la familia y, para no variar, llega con su botella de whisky. Al rato llega el doctor e inmediatamente el tío simpático le dice a su doctor: “Doc, antes de que operes a mi sobrino, échate unas copas”. Ante la sorpresa de ustedes, ven que el médico accede y se toma tres whiskies. No uno, ni dos, ni cinco, sólo tres whiskies. ¿Se dejan operar? ¿Verdad que no? Saben, al igual que con el piloto, que no está en pleno control de sus cinco sentidos, que no está al cien por ciento de sus facultades, que no va a poder reaccionar adecuadamente en la cirugía si hay algún problema. Y aquí no hay piloto automático.  Su sentido común está funcionando de acuerdo con los hechos.  

Entonces, ¿me podrían decir qué diablos hacen subiéndose a un automóvil de una o más toneladas, donde el que va manejando se tomó tres o más copas?... ¿Acaso no es lo mismo?       

Es exactamente lo mismo y para confirmarlo están los hechos:  accidentes, muertes, lisiados, atropellamientos, colisiones, heridos, pérdidas económicas, etc.   A diario y en todo el mundo. ¿Les hacen caso a los hechos?   ¿Creen que nunca le va a suceder a su familia? Lo mismo pensaban las personas que ya tuvieron accidentes. ¿Dónde se fue el sentido común?  Como no es raro y sí es común, si la familia hace un poquito de memoria recordará que ya tiene conocimiento de algún conocido, cercano o lejano que, tomado, saliendo de una fiesta se estrelló, le pegó a alguien o alguien se mató, o él se mató.  Pero irónica y cínicamente “siempre es culpa de alguna otra persona”.  Este tipo de muertes es prevenible.  Lo peor del caso es que la regla de prevención es muy simple, “el que maneja no debe tomar alcohol ni drogarse”.  ¡Qué terrible es que, a pesar de los conocimientos, los hechos y muchas veces, de la propia experiencia, aún sigan sin tomar acción!            Dr. Francisco A. Cantú

Programa de Cero Tolerancia - Alcohol y Drogas

Mi Compromiso con el program de cero tolerancia hacia el alcohol y las drogas

Mis razones no son moralizantes, exageradas, ni religiosas, simplemente tienen que ver con mi salud emocional y física. No estoy en contra de que beban alcohol, lo que no tengo que tolerar es a ese pequeño grupo de personas que afectan a terceros. La cero tolerancia en ningún momento emplea conductas agresivas ni debe caer en el juego de las discusiones o el pleito. Tampoco trataré de convencerlos de que entiendan, es su problema, no el mío. 

La cero tolerancia empieza por mi persona, por lo tanto: 

- No tengo por qué tolerar a personas que alteran su forma de pensar, sentir y actuar con el uso de alcohol y drogas, afectando a mi persona. 

- No tengo por qué disculparlas o dar explicaciones de sus actos, que pueden ser desde irritantes hasta el punto de poner en peligro la integridad física o la vida de las personas que los rodean. 

- No tengo por qué estar escuchando sus excusas o racionalizaciones para justificar sus conductas. 

- No tengo por qué creerles cuando los hechos me demuestran que son deshonestos. 

- No tengo por qué poner en riesgo mi persona o que me conviertan en cómplice de sus conductas inadecuadas. 

- No tengo por qué permanecer en situaciones donde se pongan agresivos, tanto verbal como físicamente. 

- No tengo por qué cuidar o cuidarme de ellos cuando se intoxican. Por lo tanto, ya no pienso seguir con la tolerancia que la mayoría de las personas exhibe con ellos. 

- No tengo por qué en ningún momento argüir, demandar, exigir o pelear con las personas intoxicadas; sé que no entienden y me pongo en situaciones donde me pueden agredir o lastimar.

- No tengo por qué ser cómplice de sus conductas enfermas que afectan a terceros.

NO TENGO POR QUÉ TOLERAR:

1- Que abusen del alcohol en mi casa.   La realidad es que toda persona que se le pasan las copas se torna desagradable, ya sea que se quede dormida, que le dé por platicar tonterías, profesar su amor a las personas, creyéndose simpática, molestando, irritando, agrediendo, etc. En fin, no importa cuál sea su conducta, siempre va a ser desagradable. Es un mal ejemplo para mis hijos y no tengo por qué exponer mi persona o a mi familia a este tipo de eventos. Debo entender que físicamente (mentalmente / cerebralmente) están mal.    La forma en que lo voy a manejar es pidiéndole a uno de sus familiares o amistades que la lleven a su casa, explicándoles que ya están afectadas sus funciones cerebrales, en otras palabras, que físicamente está enferma. La intoxicación por sustancias se debe manejar de la misma manera que cuando existe una intoxicación alimenticia, se debe ir a casa o al hospital.     Solamente los familiares o, en su caso, las amistades cercanas, tienen la responsabilidad de cuidarlo fuera de un contexto social. Si está solo, les hablaré a los familiares o a alguna amistad y le pediré un taxi. No tiene por qué quedarse en casa a que se le pase la intoxicación. Si se trata de un menor de edad (puede ser un conocido de mis hijos), les hablaré a los padres, solamente les diré que está mal físicamente y que tienen que recogerlo. Si llegan a preguntar qué le sucede, les diré que no sé, porque no tengo conocimientos médicos, pero es claro que está mal y se deben hacer cargo de él. Nunca me ofreceré a llevarlo yo. Me debe quedar claro que yo no debo sentir vergüenza ni culpa por llevar a cabo estas acciones, porque estoy haciendo lo correcto. Lo incorrecto es tolerarlo, porque me vuelvo cómplice al aceptar su malestar físico. Puedo solucionar esto aclarándolo desde que llegan a la casa que, si a alguien se le pasan las copas, llevaré a cabo las medidas previamente mencionadas. Bajo aviso, no hay razón de sentir vergüenza o culpa.

2 - Que usen drogas en mi casa.        Son ilegales y me convierten en su cómplice. No debo poner en peligro legal a mi persona o mi familia. Debo actuar de la misma manera que cuando se trata de alcohol. En este caso, también voy a establecer el límite de que no pueden regresar a mi casa.

3 - Que en una reunión, fiesta o celebración se intoxiquen y tenga que estar tolerando su conducta inadecuada, por lo tanto, me retiraré.

4 - Que el conductor esté intoxicado (tres o más copas o uso de drogas). Pediré que otra persona maneje o tomaré un taxi.

5 - Que en lugares públicos la persona o personas de a lado estén intoxicadas. Dejaré el lugar y buscaré sitios donde no se presenten este tipo de situaciones.

6 - Que mis hijos se reúnan con compañeros que se sabe que tienen problemas con el alcohol o drogas. Es ponerlos en riesgo de accidentes o problemas legales.

7- Que mis hijos vayan a casas donde los adultos permiten a sus hijos menores tomar alcohol.

8 - Que mis hijos menores de edad vayan a fiestas donde les den alcohol.

9 - Que mis hijos acudan a casas donde los adultos se intoxiquen.

10 - Que mis hijos estén de novios con personas conocidas por abusar del alcohol o de las drogas.

11- Que me pongan en una situación donde tenga que cuidar a personas intoxicadas, ya sean familiares, amistades o hijos de otras familias y mucho menos a desconocidos.

12 - El juego de creer en todas las creencias falsas que hay alrededor del uso de sustancias.

PROGRAMA DE CERO TOLERANCIA      Clínica Cantú